La coleccionista de los corazones rotos. Parte 4
Al finalizar la obra, Alberto se levantó de su butaca y decidido caminó, nuevamente, hacia los camerinos. Rodrigo lo siguió, esta vez, sin pedir su permiso. Alberto golpeó la puerta y fue Lucía García la que lo recibió:
-Hola, ¿Te gustó la obra José?- preguntó con gran carisma.
-Sí y mucho- respondió él -solíamos ver muchas obras de teatro con mi esposa- agregó, siguiendo su plan.
-¿Ya no lo hacen?- preguntó Lucía.
-En realidad, ésta es la primera vez que vengo al teatro, desde que nos separamos- respondió Alberto, intentando generar más preguntas acerca del tema.
-Lo lamento- Respondió Lucía.
-Para mí, es irónico ver El Corazón Delator, en un momento así. Pues creo que el mió lo he perdido- dijo Alberto intentando no mostrar sentimiento alguno.
Todos en la habitación dejaron de hablar y dirigieron sus miradas hacía él. En sus rostros, Alberto pudo visualizar duda y asombro ante su revelación.
-Debés ser un buen escritor- dijo Julián Fernández, rompiendo el silencio -tienes mucha imaginación y por tu forma de decir las cosas, sin exhibir emoción alguna, puedo decir que posees talento.
Alberto había leído bastante sobre Julián, lo suficiente como para saber que sería él, quién rompería el silencio. Todo iba tal como lo había planeado.
-¿No me crees?- dijo, mientras clavaba sus ojos en él -intenta medir el latido de mi corazón-. Julían se acercó y colocó su mano en el pecho de Alberto mientras hacía una mueca, como diciendo: que petición más estúpida. Pero luego de un segundos, al descubrir que era imposible medir el latido, sonrió y le dijo:
-Debo admitir que tu truco me ha impresionado, he oído hablar de personas que tienen la capacidad de disminuir su presión cardíaca a voluntad, pero nunca había conocida a una-.
-Un truco, claro, si de eso se tratara, no estaría aquí hoy- respondió Alberto -No me mal interpreten, el teatro me apasiona, pero estoy aquí por algo más importante-.
-¿Entonces por qué has venido aquí?- preguntó Claudia Pereyra, quién hasta el momento, había permanecido en silencio.
-Ya lo he dicho- respondió Alberto -quiero recuperar mi corazón-.
-Y creés que alguna de las señoritas de aquí lo tiene?- dijo Ernesto Gómez.
-No, pero creo que alguien de aquí puede ayudarme a recuperarlo- contestó Alberto.
-¡Estás loco!- respondió Rodrigo, ante sorpresa de Alberto, quien temió que su plan pudiese fracasar por haber aceptado su compañía -primero dices conocer a Roberto, presentándote con un nombre falso y ahora ésto. No puedo seguir con ésta mentira, yo sólo quería conocer a los actores y por eso acepté tu invitación-. Alberto quedó conmocionado, no sólo Rodrigo había revelado sus mentiras, sino que había dicho que él lo había invitado al camerino. Los actores le pidieron que se retirase y debió obedecer, pero lo que lo hizo enojar más, fue ver cómo Rodrigo se quedaba adentro junto con los actores. Junto con él, se habían ido todas sus esperanzas. Era casi imposible que le permitiesen hablar con ellos.
Matías les dijo a los actores que debía irse, pero que estaría presente en su próxima función. Los actores le agradecieron por su fanatismo y lo invitaron a tomar un café con ellos para el día siguiente. Él aceptó contento y después de saludarlos a todos, salió de la habitación. Alberto estaba aún en el teatro, esperándolo.
-¿Sabés el daño que acabás de ocasionarme?- le preguntó Alberto, muy enojado.
-Yo sé dónde está tu corazón- dijo el hombre sonriendo maliciosamente -Lo tiene Ailea, la coleccionista de corazones rotos-. Alberto escuchaba cada una de sus palabras, pero no llegaba a considerar posible lo que le estaba diciendo.
-¿Qué estás diciendo?- preguntó Alberto asustado por el modo de expresarse de Rodrigo, muy diferente al anterior.
-Supongo por lo que dijiste, que me has estado buscando, ¿Verdad?- contestó -Puedo ayudarte, pero el precio de los corazones es muy alto, aunque creo que con un alma bastará. No tiene que ser la tuya, pero es más fácil otorgar la propia que una ajena-. Al escuchar sus palabras, Alberto palideció de terror y respirar comenzó a resultarle dificultoso.
Su corazón, en ese momento, en manos de Ailea, comenzó a palpitar rápidamente.
ajajajaja, ¿Estar al tanto de todo?
Aunque hace mucho que no hablamos, es verdad.
Falta poco, muy poco
.
Besitos Tin!
Hace mucho que no te leo.