No se si realmente se le puede llamar despertar pero ninguna otra palabra me viene a la mente para describir aquella sensación.
Dentro del cajón la oscuridad es absoluta. Intento moverme, y ante mi asombro logro hacerlo con facilidad, aunque mi movimiento se ve restringido por las dimensiones del ataúd. Con mis uñas, las cuales han crecido notablemente desde mi muerte, comienzo a arañar la tapa del cajón intentando liberarme y como si las sorpresas no fueran a acabarse nunca, la madera cede y comienza a resquebrajarse, finalmente se parte en dos y la tierra comienza a llenar el féretro; la presión complica mi escape y por primera vez agradezco el no tener pulmones que puedan ser aplastados por el peso. Me toma unos cuantos minutos llegar a la superficie luego de estar escavando con dificultad, la tierra húmeda se mueve con mayor facilidad pero es más pesada. Me recibe el resplandor de la Luna, el cual representa un cambio agradable para mí, no tengo idea de cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que pude apreciarlo pero parece muy lejano.
Comienzo a recorrer el cementerio, aunque sin un rumbo fijo. Una cierta sensación de responsabilidad me obliga a permanecer allí, la idea de que alguien pueda verme me resulta un tanto cómica pero al mismo tiempo sé que causaría una gran perturbación.
Pasaron varias horas, el cielo comienza a aclararse y pronto llegará el amanecer; con cierta tristeza decido volver a mi tumba. Camino con lentitud intentando aprovechar al máximo estos pocos minutos que me quedan, quiero que cada detalle del lugar quede en mi mente en caso de que no pueda volver a salir luego de que la tierra se seque. No tengo ganas de volver a la oscuridad, temo tanto la posibilidad de volver a dormirme como el tener que soportar el estar solo bajo la tierra sin nada más que recordar mi vida. Sigo caminando sin estar del todo seguro de lo que haré.
Finalmente vuelvo a ver la única parte de todo el cementerio en donde la tierra está levantada y reconozco mi lugar de descanso. Pero hay algo más que resalta a simple vista, allí hay dos lápidas. Me acerco rápidamente y leo la propia la cual está justo a la altura del agujero en donde están los restos de mi cajón: -Aquí descansa mi querido esposo- dice la inscripción, seguida de mi nombre y las fechas de mi nacimiento y muerte. Giró la cabeza y comienzo a leer lo que está escrito en la segunda, la cual está a menos de un metro de distancia de la mía… Siento como si mi corazón dejara súbitamente de latir, aunque desde hace ya mucho tiempo no lo hace. Miro hacia el suelo, hacia la tumba aún cerrada mientras intento entender el significado de lo que acabo de ver; de cierto modo es algo simple, mi esposa está muerta y parece que su vida terminó poco tiempo después de la mía pero por otra parte siento una extraña mezcla de pena y felicidad. Mis manos comienzan a temblar, sé lo que están pensando, entiendo qué es lo que quiero hacer pero no lo hago. Aún confundido opto por volver a mi cajón, o mejor dicho, las partes que aún quedan de él. Rápidamente logro cubrirme con la tierra a pesar de que no es una tarea fácil la de enterrarse uno mismo.
Nuevamente me encuentro en la oscuridad, con mi mente llena de pensamientos y me quedo allí, atento a cualquier sonido que pueda provenir del cajón que está a menos de un metro de distancia.
Siempre fuiste muy buena conmigo -dijo el hombre antes de jalar el gatillo. Dos veces.
Padre, madre, lamento llegar tan tarde, mi funeral duró más de lo que esperaba.
Para festejar que vuelvo a encargarme de actualizar mi sitio decidí darle un nuevo estilo y para acompañar el cambio, a continuación presento la nueva versión del modelo de araña de alambre que había hecho el año pasado
Empezaron siendo unos pocos jardines, luego unos cuantos parques y al final bosques enteros los que fueron consumidos por un árbol cuyo apetito parecía no acabar más.
El rey descansaba en su trono cuando de repente se presentó, ante él, nuevamente el diablo. Estoy aquí para recibir el pago por nuestro acuerdo previo -dijo.
Puedes tomar cualquier cosa que me pertenezca -le respondió el rey- sólo deja que conserve el poder que tú me has dado, si quieres toma mis tierras, mi gente, mi reino entero. No me importa.
Acepto tu condición -contestó el diablo.
El rey continuó sonriendo incluso mientras el diablo se desvanecía en el aire llevando consigo el corazón del monarca.
En lo alto de la torre vivía la princesa y rodeando la base de la misma vivía el dragón. Todos los días ella miraba hacia el horizonte a través de su ventana esperando que llegara alguien dispuesto a rescatarla. El dragón la contemplaba cada vez que ella se asomaba y deseaba que sintiera algo por él.
Un día, luego del atardecer, un soldado apareció en el horizonte montado en su caballo. Galopó a gran velocidad dirigiéndose hacia la torre; al verlo el dragón lo reconoció como a un intruso y pensó que aquel sería el momento perfecto para atraer la atención de la princesa. Rugió fuertemente y por su boca salieron grandes llamaradas; supuso que aquello ahuyentaría al hombre, pero éste recobró rápidamente su valentía y continuó acercándose. Al estar a pocos metros del dragón bajó de su caballo y sacó su espada. El dragón volvió a rugir, esta vez con mas fervor, pero no logró intimidar al hombre quien arremetió contra él. Al dragón no le gustaba la violencia pero sabía que su tamaño causaba pavor y decidió seguir lanzando fuego de su boca esperando que el soldado decidiese abandonar la lucha. Pasados varios minutos, el hombre pudo herir al dragón y éste se alejó para evitar ser atacado nuevamente.
El soldado se tomó un par de segundos para recuperar el aliento antes de ir hacia la puerta de la torre e intentar abrirla. La puerta estaba trancada y al darse cuenta el hombre sacó nuevamente su espada para intentar forzarla. Cuando el dragón lo vio sacar su arma supuso que intentaría dañar a la princesa y decidió detenerlo. Se acercó y lo embistió velozmente. El hombre cayó herido al suelo a varios metros de distancia. Vencido, subió a su caballo y partió.
El dragón miró hacia lo alto para ver si su princesa había observado lo sucedido y la vio con sus ojos llenos de lágrimas, pues ella había perdido toda esperanza, mientras saltaba por la ventana. El dragón logró tomarla con una de sus garras antes de que ella tocara el suelo pero el golpe que recibió contra su dura piel fue suficiente para terminar con su vida. Al verla el dragón sintió una poderosa mezcla de sentimientos: por un lado se entristeció al ver el cuerpo inerte de su amada pero también sintió alegría al saber que por fin ella lo había querido lo suficiente como para intentar estar a su lado, lástima que ella no había calculado que la caída sería fatal incluso aunque él pudiera atajarla.
El hombre árbol era ya muy viejo. Finalmente, un día, sus pies dejaron de absorber agua, los dedos de sus manos dejaron de buscar la luz del sol y su cansado corazón dejó de latir.
I was sitting in front of my writing desk trying to come up with a good story when she arrived. It was only for the sound of the door opening that I noticed she was there, as her footsteps were completely silent. I stared at her wordless: I had never seen such a beautiful woman in my entire life, and that was saying a lot because I was nearly seventy nine years old. After a while she spoke and her voice seemed to echo through the entire room, it was impossible to say what was the source of those words as the sound came from every direction. She only said: -let’s go- but it was like she had been talking for ages. I stood up and followed her as she was leaving the room.
Before everything turned dark I could swear I saw two wings connected to the back of the woman.
How could I have been so blind that I didn’t notice that those wings were not made of feathers and that instead they looked like those of a bat and why didn’t I see her goat legs and her pointy red tail.
Nota de autor: El cuanto lo escribí hoy originalmente en inglés y luego lo traduje al castellano me parecía una lástima no publicar el original.
Estaba sentado frente a mi escritorio intentando armar una buena historia cuando ella llegó. Fue sólo por el sonido de la puerta abriéndose que pude notar que ella estaba allí pues sus pasos eran completamente silenciosos. La miré profundamente sin poder decir ni una palabra: nunca había visto una mujer tan bella en toda mi vida y eso era decir mucho, pues yo tenía casi setenta y nueve años. Luego ella comenzó a hablar y su voz pareció hacer eco en toda la habitación, era imposible determinar la fuente de aquellas palabras pues el sonido parecía venir de todas las direcciones. Ella sólo dijo: -vamos- pero sentí que había estado hablando por años. Me levanté y la seguí mientras ella salía de la habitación.
Antes de que todo se oscureciese puedo jurar que vi dos alas conectadas a la espalda de aquella mujer.
Pero cómo pude ser tan ciego y no notar que aquellas alas no eran de plumas sino que se parecían a las de los murciélagos? ¿Y por qué no vi sus patas de cabra y su roja cola puntiaguda?